Borrell sigue mintiendo para enfrentar a la sociedad catalana en una fractura que sólo él desea

Una de las decisiones más incomprensibles de Pedro Sánchez ha sido colocar a un ultra españolista como Ministro de Exteriores. Borrell, catalán de nacimiento, ha demostrado en los últimos años de su carrera una tendencia incontrolable a posicionamientos de extrema derecha ultra nacionalistas. Ha usado términos hacia los independentistas que usaba Hitler contra los judíos, se ha manifestado con la extrema derecha y ha publicado un libro basado en una gran mentira y un error de análisis económico de bulto.



No se entiende que si el objetivo del gobierno de Sánchez es buscar una solución al conflicto político existente entre Catalunya y España coloque a un pirómano resentido como Ministro de Exteriores. El nombramiento ha servido para acallar los altavoces de la prensa españolista, pero a su vez ha sido un mensaje claro a Catalunya: Sánchez prefiere tener a la prensa de Madrid contenta que no encontrar una solución al conflicto entre España y Catalunya. Sánchez sabe que tener la prensa a favor le puede dar la victoria en unas elecciones generales, mientras que lograr un encaje (o rotura) definitivo entre España y Catalunya le haría perder las elecciones, aunque pasaría a la historia como un demócrata y un hombre de estado.

España vive de las gesticulaciones. Ni un solo político español ha explicado todavía por qué sería bueno que Catalunya siguiera en España, a no ser que sea para evitar los ataques y boicots españoles. Nada en positivo, y en esta línea es donde aparecer el personaje de Borrell. Un hombre amigo y defensor de los miembros condenados del GAL, que dimitió por asuntos oscuros de la candidatura a Presidente, de Abengoa y de la Universidad Europea de Florencia donde lo habían enchufado. Un personaje que, como tantos, ha visto en el ultra españolismo un retiro dorado para sus últimos años como personaje público.




Borrell habla de un enfrentamiento civil en Catalunya, no porque exista, sino porque él quiera que exista y entonces sus argumentos parezcan más razonables. Borrell desearía violencia y muertos en Catalunya para así poder enviar al ejército y desinfectar a los independentistas. Todavía tiene que explicar cómo los quiere desinfectar, siguiendo el método de Hitler o tiene otra cosa en mente.

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