La extrema derecha se hace con el poder a todos los niveles a costa de un PP acorralado por la corrupción

Muchos españoles se han alegrado y felicitado por ser España durante mucho tiempo el único Estado de la Unión Europea sin un gran partido de extrema derecha. Lo que para muchos ha sido algo positivo está demostrando ahora haber sido el gran error de la democracia española de la últimas décadas. El PP, partido heredero del franquismo, no lo olvidemos, intentó “esconder” los elementos más ultras debajo de sus siglas y debajo de mensajes más o menos moderados, comparables a los dominantes en el centro derecha europeo. El problema es que con esta estrategia se permitió que elementos extremistas ocuparan cargos de poder, subieran de rango en estamentos jerarquizados, y todo sin el control social que normalmente existe sobre estos movimientos.



La tormenta perfecta sucedió con la llegada de Ciudadanos en el panorama político español y los numerosísimos casos de corrupción del PP. En Catalunya, Ciudadanos era y es de largo conocido como un partido que nació contra el catalán y contra el nacionalismo, y que agrupó a todos esos elementos que no encontraban representación en Catalunya, fuera por lo insignificante que era ( y es) el PP, o incluso por su vocación moderada en esa región. Pequeñas aventuras como Plataforma per Catalunya o La Falange no eran más que el antecedente a Ciudadanos.

Y entonces llegaron a la política española con un mensaje clara y duramente anti catalán, a veces cercano a posiciones fascistas, de las que Ciudadanos no huye sino que abraza. Véase las manifestaciones con SCC donde participan todos los grupúsculo neo nazis o la libertad dada a los militantes naranjas en Valencia de participar en una manifestación abiertamente fascista.

Poco a poco, esos estamentos que el PP había llenado de elementos reaccionarios, empezaron a ver un partido más cercano a sus ideales de fondo, un partido que les representaba mejor. Alentados por la FAES, por algunos empresarios del IBEX (que empezaron su fortuna durante el franquismo) y unos medios de comunicación que empiezan a temer por sus anuncios de estos señores del IBEX y subvenciones públicas, Ciudadanos ha logrado ponerse en primera fila. Un policía condenado por tortura y después amnistiado es promovido en la cúspide policial en Madrid. Un ministro como Jorge Fernández Díaz, fanático religioso que afirma que va a rezar al Valle de los Caídos, sitúa en el Ministerio del Interior una célula de extremistas encargados de la Operación Cataluña llena de chantajes, mentiras y abusos de poder. Y no hablemos de la judicatura, la iglesia, funcionarios público y el ejército (sorprendentemente moderado).



Y hasta aquí hemos llegado: Ciudadanos, Vox, la FAES, ciertos ámbitos policiales y judiciales han logrado que el partido heredero de Franco parezca moderado. El ataque al Ministro Montoro por parte de este holding de extrema derecha ha sido la prueba definitiva. No le echan en cara que haya mentido sobre la malversación, que saben inexistente, le echan en cara que lo haya reconocido públicamente(!!).

No hay solución fácil. La única oportunidad antes de caer en escenarios extremadamente peligrosos que se pensaban eliminados en el siglo XX es que España regrese a la normalidad europea y señalar a esos partidos y poderes fácticos de extrema derecha. España tiene que ser un estado donde los votantes populares se sientan más cómodos con el PSOE que con Ciudadanos, y no porque el PSOE se haya movido a posiciones también de derechas, sino porqué Ciudadanos es un partido invotable. Sólo un cordón sanitario contra la extrema derecha puede sacar a España de la confrontación fratricida y aportar luz y diálogo sobre los grandes temas, empezando por Catalunya.

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