Los días 6 y 7 de octubre Coscubiela silenció a su grupo parlamentario para entregarse al españolismo ultra de Ciudadanos, PP y PSOE

Ya estamos acostumbrados a que el españolismo sea el verdugo y quiera pasarse por víctima en un mismo incidente. Lo hemos visto incontables veces cuando ante la violencia españolista, los dirigentes de Ciudadanos y los medios de comunicación acaban culpando a los independentistas “ya que nos obligan a llegar a estos límites”. Pero pocos casos como el relato que han vendido de lo sucedido los días 6 y 7 de octubre donde el bloque españolista practicó un filibusterismo indecente para bloquear una votación democrática dentro del Parlament de Catalunya.



El españolismo que se queja de no haber tenido voz en ese pleno resulta que habló mucho más que el bloque independentista mayoritario. El españolismo, con Coscubiela como fiel escudero, estiró los tiempos y las leyes para intentar que el Tribunal Constitucional actuara contra las leyes del referéndum y de transitoriedad. Las leyes se aplicaron de manera democrática con la mayoría del Parlament, donde reside la soberanía del pueblo de Catalunya. Lo que sí que es evidente es que la ley de transitoriedad es anti constitucional en el Estado Español pero no lo habría sido en el nuevo Estado independiente. Cuando se crea un nuevo Estado se tiene que incurrir en actos anticonstitucionales del Estado anterior. Pero este no ha sido el debate.

Entre las voces más histéricas sobre estos dos días se encuentra la de Joan Coscubiela, asesor de Endesa durante diez años, y portavoz del grupo de los Comuns durante ese pleno. Curiosamente han aparecido conversaciones del propio Coscubiela con miembros de su grupo donde prohibió hablar a los miembros de Podem, aunque esto formara parte del pacto entre ambos partidos. En una jornada que avergonzó a la mayoría de la izquierda cercana a los Comuns, Coscubiela recibió el aplauso de Ciudadanos, PP y PSOE, mientras silenciaba a los miembros de su propio partido.

Alguna cosa se rompió es día dentro de los Comuns y de allí vienen los malos resultados electorales y la reciente dimisión de Xavier Domènech. Una vez más Coscubiela arruinó un partido político por su conservadurismo y españolismo que lo acercó a los partidos más ultras de la sociedad catalana. Y mientra é se llena la boca de una falsa libertad, la Presidenta del Parlament Carme Forcadell sigue secuestrada por el Estado que tanto ha defendido Coscubiela.

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