Sigue el delirante victimismo del unionismo: ahora se indignan porque les gritan un poquito mientras hay políticos en la cárcel y el exilio

No hay día que el españolismo en Catalunya no use la carta victimista sin fundamento. Hemos visto a Andrea Levy del PP hablando de escrache cuando le mostraban unos lazos amarillos, a Inés Arrimadas hablar de que lleva protección (como le corresponde como jefa de la oposición) y después tomarse unas copas en un bar independentista de Ripoll sin problema alguno, como debe ser, por otro lado. También hemos visto una mujer perder el trabajo por amenazar a Arrimadas, pero cuando la amenaza se produce contra Anna Gabriel de la CUP, la frase de la líder naranja fue “Qué Espera?”. La lista de casos de doble rasero y exageración son constantes pero en el día de ayer fueron demasiado lejos.



Inés Arrimadas, entre otros, hablaron, con un gran eco mediático por parte de los sospechosos habituales de gritos que les llamaban “fascistas” mientras salían del hemiciclo catalán. Unos gritos bastante inocentes si vemos el video de lo ocurrido. Si nos les gusta que les llamen fascistas lo primero que deberían hacer es dejar de manifestarse con fascistas, dejar de atraer el voto de los fascistas y condenar el franquismo en ese mismo Parlament. A pesar de que condenamos los ataques individuales a políticos, debemos poner en dos universos totalmente distintos unos gritos en la calle y la violencia de Estado ejercida por Ciudadanos, PSOE y PP que tiene a políticos en la cárcel y en el exilio sin ningún tipo de base legal. Hoy Inés Arrimadas duerme en su casa mientras los Jordis llevan 106 días encarcelados por pacificar y desconvocar una concentración.

Recordemos que la propia Inés Arrimadas y su partido pidieron condecorar a los agentes que apalearon a la ciudadanía catalana el 1 de octubre. Ella, que dice querer ser la Presidenta de todos lo catalanes. Triste manera de hacer política.

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